• Los nuevos formatos de microblogging han creado toda una nueva disciplina en cuanto a la redacción de contenidos. Inspirados en los tradicionales mensajes de texto por celular, constituyen un verdadero desafío para quienes hemos crecido rodeados de otros medios de comunicación, los “tradicionales”. Todos recordamos el ritual de leer el diario, sin apuros, disfrutando cada sección, cada noticia, hasta cada publicidad. De alguna forma inexplicable nuestros bolsillos y carteras pasaron a contener un aparatito que, por momentos, parecería creado para controlar nuestras vidas: el celular. Y de a poco, los textos se fueron acortando, y las cartas de amor pasaron a algo así como “KMO TAS? TKM”

    La conveniencia hizo que los mensajes de texto se apropiaran de la lengua, y así, muy pronto todos nos convertimos en hábiles redactores de mensajes de texto. El vector se hizo indispensable en nuestras vidas, y de pronto no pudimos ni siquiera ir a hacer las compras sin preguntar “Llevo leche entera o descremada?”, treinta y un caracteres que nos proveerían una respuesta adecuada para un momento de angustia existencial.

    Ahora, la fuente de información diaria, de entretenimiento, de material de lectura y de ámbitos de socialización pasaron a ser las redes sociales, y en especial Twitter. Queremos saber cómo salió el SuperBowl, buscamos en Twitter. Nos queremos reencontrar con un colega que conocimos hace tiempo, lo buscamos en Twitter. Buscamos nuevos clientes y más tráfico. Donde más, en Twitter. Pero ¿cómo?

    Todos los dueños de empresas, de todas las envergaduras, y todos los nichos de actividad, en distinto grado de concientización, saben que tienen que estar en Twitter, pero no todos tienen una idea clara de qué hacer. Dos escollos se interponen en nuestro camino. Por un lado, no todos logran acostumbrarse al límite en el número de caracteres. Y por otro lado, algunos sienten algo así como el temible síndrome de la hoja en blanco de los escritores: ¿qué decir?

    Si nadie le enseñó a interactuar con sus contactos, y aún así logra comunicarse, intercambiar ideas, reírse, preocuparse, informarse, y saber de la vida –a grandes rasgos- de sus amigos, lo mismo debería suceder con sus leads, prospectos de venta y usuarios. Sólo una máxima se impone al momento de Twittear: no haga spam. El spam en Twitter es como estar conversando con un amigo y que se aparezca un vendedor de aspiradoras. Lo que menos queremos hacer es escuchar su mensaje. Si con el contacto cara a cara, estamos forzados a ser medianamente educados, tal vez lo escuchemos unos segundos, para luego invitarlo cordialmente a retirarse. Pero en Twitter, como en todo el resto de la internet, la paciencia dura menos. En consecuencia, dejaremos de tener seguidores en poco tiempo. Se lo repito, por si no queda claro: no haga spam. No quiera vender, no quiera imponer sus ideas, conceptos o consejos comerciales. Primero escuche. Mire lo que dicen los demás usuarios. Contribuya cuando una thread le parezca interesante. Comparta posteos de otros autores, si es materia realmente valioso.

    Sea generoso con su tiempo, su atención y sus conocimientos. Para eso es Twitter realmente. Para chatear con amigos –muy brevemente. Cuando abra Twitter, olvídese de las palabras “vender”, “recomendar” o “visite”. Es el camino más directo para vender, recomendar o lograr visitas.

    Andrea Picaso es consultora en Contenidos de Calidad. Creación, Gestión y Viralización de Contenidos de calidad. Presencia en las Redes Sociales. Construcción de la reputación online. Control de daños. Comunicación estratégica. SEO, SEM

    Artículo aportado por Directorio de artículos

    Andrea Picaso @ Saturday, 8 de May de 2010

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