• Realizar un  postgrado en los Estados Unidos es una de las mejores decisiones que un profesional gestione a favor de la optimización de su experiencia profesional y laboral. Con la posesión de un título de Postgrado no sólo es posible destacarse por la excelencia profesional, sino acceder a la posibilidad de reducir el enfoque en el área de estudios, sin secularizar el conocimiento y su patrimonio universal, y de tal forma contribuir a su evolución y enriquecimiento.

    El patrimonio cognitivo estadounidense es considerado, por la mayoría de las culturas como la cuna original de la mayoría de las ciencias y disciplinas de influencia greco-occidental y, si bien, algunas de ellas han sido optimizadas por el Reino Unido, Francia, Alemania, India, Italia y Australia, es en EE.UU. en donde se concentra un compendio globalizado de estudios y, por ello, estudiar en Estados Unidos tiene reconocimientos preferenciales en las modalidades de investigación y títulos de Postgrado.

    La educación y grado de investigación que se realiza en los Estados Unidos es de tal magnitud, que su experiencia ha llegado a repercutir en los enfoques de la educación internacional, cuyas investigaciones son cualitativamente admirables. En consecuencia, se ha hablado mucho sobre la necesidad de que los estudios estadounidenses mejoren su posición en el campo de la tecnología, ingeniería y matemáticas.

    Las maestrías en el extranjero suelen dividirse en dos categorías o directrices: Educación e Investigación. En los EE.UU., la mayoría de los programas de master se imparten a través de programas específicos, lo que significa que los estudiantes deben completar numerosos cursos de postgrado para obtener una maestría, mientras que en otros países es más común la concentración en la aplicación de conocimientos en el campo para proyectos de investigación, con muy poco tiempo en el aula. Estas diferencias de modalidades responden a un diferente método educativo consecuente con la diversidad de campos disciplinarios y aplicables a las necesidades educativas de los jóvenes actuales, que cumplen muchos roles y experiencias de vida. Seguir leyendo…

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  • Sin importar la edad de tus alumnos, si has sido maestro o formador por algún tiempo sabes lo difícil que puede resultar a veces mantener la atención de la clase. Aunque el tema sea el más fascinante del mundo o tus métodos de enseñanza sean de primera línea, a veces no puedes dejar de notar que la atención de tus alumnos comienza a decaer y los ojos comienzan a entrecerrarse. Esto sucede con más frecuencia cuando enseñas a un grupo grande de alumnos, ya que es difícil captar las reacciones del grupo para cambiar el ritmo de la clase. Si cada alumno aprende a una velocidad diferente y también de un modo particular, ¿cómo puedes lograr que todos aprendan, estén interesados y contentos a la vez?

    Una de las maneras en las que las personas responden mejor al aprendizaje es si tienen la posibilidad de interactuar personalmente con el tema que se aborda en la lección. Muchos maestros y formadores utilizan esta técnica durante sus lecciones o cursos de formación formulando preguntas al grupo o a la clase, haciéndolos trabajar en proyectos propios, en grupos de trabajo o en presentaciones individuales y a través de otros tipos de tareas interactivas. Pero existen otros métodos para lograr mantener la atención de la clase, que resultan más fáciles y atractivos tanto para ti como para tus alumnos. Seguir leyendo…

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  • La mayoría de los padres debe afrontar en algún momento el mal comportamiento o hábitos inadecuados de uno o más de sus hijos. Ya se trate de un niño que se queja continuamente poniendo voz de bebé, un niño en edad escolar que deja la ropa tirada en cualquier parte o un adolescente que utiliza un lenguaje excesivamente soez.

    Abordar este tipo de dificultades supone un reto para muchos padres, que se preguntan si deben ignorar el comportamiento molesto de su hijo o tratar de reconducirlo de alguna forma. Una regla útil para decidirse es hacer una diferenciación entre los comportamientos que son peligrosos para el propio niño o suponen una amenaza para los derechos y la comodidad de los demás; y aquellos que no lo son. Seguir leyendo…